Destino y Kismet


Kismet es sinónimo de hado o destino. Deriva de la palabra árabe qismah y llegó al uso inglés a través de la palabra turca gismah, convirtiéndose después en Kismet, que significa «la voluntad de Alá». Sea cual sea el término, la idea principal es que el hado está predeterminado o destinado de antemano.

En la religión islámica, kismet significa la voluntad de Alá y las personas creen que el plan divino de su vida está gobernado por el kismet. Por otra parte, el texto también afirma que cada individuo es responsable de su propio destino según sus acciones. La diferencia presentada es que, según una idea, podemos cambiar nuestro destino mediante nuestras actividades, mientras que la otra sostiene que el destino está predeterminado y no puede cambiarse.



Destino y Kismet

Los sistemas legales se encargan de castigar al culpable cuando sus actos se realizan por libre voluntad, y el capitalismo recompensa la iniciativa. Todo lo que hacemos diariamente surge de las decisiones que tomamos antes de actuar; una vez tomada una decisión y puesta en práctica, ya no puede haber ocurrido de otra manera. El capitán de un barco es responsable de su viaje seguro, aunque solo pueda ejercer control físico y mecánico sobre la nave.

A menudo no comprendemos que existen otros factores externos que también gobiernan la seguridad del barco. Del mismo modo, todos tenemos libre albedrío, pero este opera junto con una fuerza superior; ese factor externo es lo que llamamos hado o destino. Cada acto de voluntad altera lo que de otro modo habría sucedido, de forma definitiva. Un simple «buenos días» con una sonrisa a una persona que va a una entrevista puede inspirarla, mantenerla de buen ánimo y hacer que trate bien a los demás. Todo puede comenzar con ese sencillo saludo.

Aunque kismet habla tanto de buenas como de malas acciones, suele considerarse una palabra positiva. El karma dice que nuestro destino se decide por nuestras acciones, mientras que kismet se presenta como el propio destino. Tendemos a percibir las cosas desde nuestro punto de vista y según lo que hemos oído sobre ellas, pero a veces no las vemos como son. Lo positivo solo se reconoce porque existe lo negativo; por eso lo negativo también puede transformarse en positivo. Muchos musulmanes creen que todo lo que sucede en su vida ocurre por voluntad de Alá y que están destinados a esos acontecimientos particulares.

El texto presenta como un concepto equivocado creer que todo está decidido por Alá: afirma que solo dos cosas, el nacimiento y la muerte, son decididas por Alá, mientras que lo demás depende del libre albedrío individual. Según esta exposición, nuestro destino no está controlado por Alá sino por nosotros mismos. Aunque Alá sabe lo que va a ocurrirnos, simplemente nos muestra el camino correcto y el incorrecto y nos corresponde elegir según nuestro libre albedrío.

A veces sucede de forma casi milagrosa que encontramos de repente una solución a nuestros problemas. El texto llama a esto Providencia, la idea de que Dios cuida de nuestras necesidades terrenales aunque normalmente no lo percibamos. No debemos utilizar la Providencia como excusa para evitar atender nuestras necesidades terrenales, sino usar nuestro libre albedrío, que a veces recibe ayuda del hado. La suerte solo puede considerarse en comparación con la de otras personas y no es igual para todos; puede favorecer o no.

Cada uno nace en condiciones diferentes, con distinta naturaleza y lleva un estilo de vida diferente. Todos recorremos caminos distintos y, según el texto, elegimos las lecciones que aprenderíamos a lo largo del nuestro. Envidiar la fortuna de los demás no lleva a ninguna parte; debemos concentrarnos en aprovechar al máximo nuestro propio camino, sabiendo que lo recorremos por una buena razón. Cada persona nace para vivir, que es el deseo básico del ser humano. Este deseo intenta superar el hado por diferentes medios.

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