Solo algunas personas consiguen vivir de acuerdo con ese destino predeterminado, mientras que otras toman caminos distintos a causa del hado. El destino no siempre está bajo nuestro control, pero podemos intentar favorecer un buen hado mediante el libre albedrío, siempre que lo usemos en la dirección correcta.

Para que una vida termine en paz, no basta con haber nacido como una buena persona con un buen destino; también necesitamos una buena voluntad, porque es una herramienta poderosa que puede producir los mejores resultados. Tenemos opciones, pero debemos elegir el camino adecuado y aprovechar las oportunidades. Aunque a veces sea doloroso, el hado puede colocarnos en un lugar y un momento determinados para ayudar a la evolución del alma y enseñarnos buenas lecciones. Para algunas personas, esta influencia es positiva y produce felicidad.
Cuando estamos en una encrucijada, depende de nosotros elegir el camino, y nuestra vida se desarrolla según esa elección. En este sentido, el destino puede compararse con una encrucijada. También es resultado de las situaciones y circunstancias en las que nos colocamos. Cada persona puede estar destinada a algo, pero la manera de aprovecharlo y responder al entorno depende de ella misma. Ahí entra en acción el libre albedrío. Algunas creencias sostienen que, antes de reencarnar, ya se toman decisiones espirituales sobre la razón y el momento del renacimiento. Estas decisiones serían una forma de planificación espiritual, con acuerdos previos para cada alma antes de entrar en el mundo.
Algunas teorías dicen que el hado no ofrece elección y que lo que tenga que ocurrir ocurrirá. No sería algo que decidimos tener, bueno o malo, sino un factor externo que actúa sobre una persona para llevarla hacia su destino, aunque ella también participa en el resultado. No es un solo hilo, sino una red compleja. Puede compararse con funciones matemáticas predefinidas que producen un resultado concreto. Muchas personas vagan sin rumbo culpando al hado y preguntándose adónde deben ir. No existe una respuesta inmediata sobre nuestro destino; puede comprenderse lentamente escuchando nuestra voz espiritual interior, estudiando el alma y nuestras verdaderas capacidades y comprometiéndonos con un objetivo siguiendo la intuición.
Antes incluso de nacer, algunas creencias sostienen que tomamos una decisión espiritual sobre lo que seremos en la vida siguiente. Como son decisiones espirituales, después del nacimiento no las recordamos, pero, en lo profundo de la mente, los acontecimientos y las circunstancias parecen acomodarse para conducirnos hacia un destino predeterminado. La voluntad espiritual nos impulsa hacia la meta, nos hace soñar con nuestro destino y abre el camino que conduce a lo que queremos. En ese caso, el hado tendría poco espacio porque estaríamos muy orientados hacia nuestro objetivo.
La mayoría de los aspectos del hado quizá no estén completamente fuera de control, aunque ciertos factores pueden manifestarse como hilos del destino. Cuando aparecen, algo dentro de nuestra mente puede activar una dirección concreta. El principio del destino y el hado es que no siempre están bajo nuestro juicio, pero el hado puede volverse más positivo con la guía de Dios y mediante recursos espirituales. Evitando los obstáculos y manteniendo el enfoque en nuestro destino, podemos avanzar. Así, el hado puede ser influido en cierta medida por nosotros, mientras que el destino se presenta como algo predeterminado.
